No creo que a comienzos de la década de los 60, de cuando datan estas fotografías en blanco y negro, por nuestras cabezas pasara nada más allá de comer, cagar, llorar, reír y jugar. Estoy convencido.

Ni siquiera puedo adornarme contando que nuestros padres nutrieron aquella infancia a ritmo de rock. Que cuando comenzábamos a gatear y a contar hasta cuatro, por los rincones de casa sonaban en el tocadiscos los Beatles, Rolling Stones, Otis Redding, Beach Boys o The Kinks, oiga, ni la Creedence Clearwater Revival... y ojo, que no vacilo de Velvet Underground, The Stooges o King Crimson, para rock progresivo y sinfónico estaba mi madre con 4 churumbeles en aquella época. Creo que el "Borracho" de Los Brincos fue lo más osado con lo que vi que se arrancara alguna vez, eso sí, ayudada por una copita de anís El Mono. Impagable ese momento en que te miraba señalando con el dedo y decía ¿Borracha yo? ¡Tururúuuuu! Y qué narices, mi suegro era de Antonio Molina y mi padre de Marifé de Triana. Ahora podría apelar a aquello de Serrat de que yo nací en el Mediterráneo, pero ni eso, soy canario, digo guagua, pisco, chachi, mojo, millo... Soy Atlántico. Bohemio, no checo, errante. Enamorado de la moda juvenil y de la Costa de Valencia, incluso de la Blanca. Y amo a Madrid a pesar de no tener playa.

Analizada la situación, lejos quedaría, entonces, la hermosa historia de amor entre Abelardo y Eloisa que por fortuna descubririamos juntos de la mano allá por el 78 y la rubricaríamos a sangre y fuego en aquel inolvidable verano de 1979. El fin de la década, el año que Burning publicó su mejor disco.

Ahora ya han pasado 42 años. Muchas noches de rock and roll. Muchos días de aprendizaje. Muchas noches y días vividos con el único objetivo de disfrutar juntos y con nuestros amigos. Toda una vida intentando no joder a nadie. Y lo mejor, sigo tan enamorado de ella como cuando la conocí.

Tenía que gritarlo al viento, me puedo permitir el lujazo de ser cursi, y qué mejor que contarlo aquí para los que me quieren y que quiero también.

Cuídense.

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1001 DISCOS (que hay que escuchar antes de morir)... un tocho interesante de mil páginas con los susodichos álbumes comentados de manera amena e inteligente por casi 100 colaboradores especializados y todos ellos coordinados por Robert Dimery que es quien firma la autoría. Además, incluye todas las portadas a modo de boletín Discoplay (¿os acordáis?), cosa que me hace especial ilusión porque me traslada a mi adolescencia y a ese instante en que lo recogía del buzón para pasar horas y horas mirándolo, repasándolo, marcando los que me gustaría comprar y sabiendo que se iban a quedar en un simple deseo no cumplido. Cuántas portadas quedaron grabadas en mi memoria sin llegar a poder disfrutar de su contenido.

A lo que iba. El Libro Gordo -Discográfico- de Petete (me acaba de venir a la cabeza el trío setabense Incompatibles, cosas de mi neurona feliz), lleva tiempo en mis estanterías. Por unas cosas y por otras, vas dejando pasar el tiempo y te dices "ya le meteré mano en cualquier momento"... y ese momento, como te pasará a ti también, seguro, no llega nunca. Y el tiempo vuela, cada vez más rápido. Me acaban de vacunar contra el Covid. Eso me situa en otra realidad. Soy viejo, no de cojones, pero viejo.

Y como no soy de retos raros, ni de hacer "challenges" de esas... ¿ahora se dice así, no? (bueno, solo soy raro en el sexo, antes más que ahora, obviamente, porque ahora ya vamos escasitos de eso y de otras cosas), decía, he optado por algo gratificante y sencillo para intentar salir de esta eterna rutina pandémica. Voy a saldar mi deuda de juventud con Discoplay y gracias a Spotify. Está claro que muchos discos ya los he oído, algunos incluso cientos de veces, pero ahora todo gana una nueva dimensión. Uno tras otro, esos 1001 discos van a sonar en mi tocadiscos virtual, para saciar mi curiosidad (ahí si que el paso tiempo no me ha robado nada, la tengo intacta) y darle rienda suelta a mi imaginación. Soy un depravado.

La cronología, mi viaje, comenzó en 1955 con el "In The Wee Small Hours" de Sinatra hace un ratito, ahora mientras escribo esto, estoy con el Rey, con Elvis y álbum homónimo de 1956, piel de gallina. Y pienso llegar hasta el 2005, año de edición de este libro, rematando con "Get Behind Me Satan" de The White Stripes. Es un largo trayecto, pero no pienso coger ningún atajo. 1001 discos como soles.

Placer por el placer.

Cuídense, amigos, que les quiero.

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La poderosa banda valenciana, Morgana vs Morgana, vuelven a la carga con una canción, "Adornos", y su correspondiente vídeoclip. Un trabajo espectacular, realizado por gente realmente amante de lo que hace y que no desfallece ante ninguna vicisitud que se presente en su camino. Enjundia y empaque los define a la perfección en esta nueva entrega.

Visita su sitio oficial en internet en MorganaVsMorgana para tener información detallada de todos sus movimientos.

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Día triste para toda la familia subterránea. Ayer emprendió viaje a las estrellas mi respetado amigo Pepe Sena (Valencia, +07-04-2021). Un tipo cabal y equilibrado al que tuve el placer de conocer e incorporar en mi agenda de seres queridos en los albores de los 80. Sin duda, un magnífico profesional en su campo, el sonido, con el que era un placer trabajar y coincidir por esos escenarios de Dios.

Personas como Pepe, parapetadas entre bambalinas, apartadas de los focos, amos del backstage, lejos de los aplausos, exquisitos en las formas y en el hacer... personas así son las que hacen posible, en nuestro mundillo farandulero, que todo luzca impecable y en su máximo esplendor. Sin ellos no habría show.

Querido Pepe, muchas gracias por tanto. Muchas gracias por tu elegante discreción.

Y a ti, mi Mat, que coño te puedo decir en estos momentos, nada, sabes que también te quiero un montón. Darte un fuerte abrazo y felicitarte por el padre que has tenido. Puedes sentirte orgulloso y un hijo afortunado.

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Hoy, lamentablemente, tenemos que despedir al guitarrista Juanjo Pizarro. Uno de los grandes de la escena sevillana y, por supuesto, nacional. Recuerdo perfectamente el día que lo conocí, fue allá por 1984, él llegó a Gasofa* como miembro de la banda Dulce Venganza liderada por Benito Peinado. A partir de ahí, ya fuimos amigos.

Con el devenir de los tiempos cruzamos nuestros caminos en diferentes ocasiones, cosa lógica por otra parte. Siempre que nos volvíamos a encontrar surgía una charla fluida y un abrazo sincero, no era necesario un contacto continuado para saber que entre los dos había una buena onda. Lo disfruté con Dogo y Los Mercenarios, y en los últimos tiempos como productor y guitarrista de apoyo en Reincidentes. En este último combo, por cierto, toca la batería su hermano Manuel, al que desde aquí le mando un fuerte abrazo y las más sinceras condolencias por parte de toda la peña gasofera.

El periodista, y también buen amigo, Blas Fernández le dedica unas líneas de sentido recuerdo en el Diario de Sevilla que puedes leer aquí. Juanjo se marchó con solo 59 años el pasado viernes 1 de enero de 2021.

(En la foto, de izq. a der., Miguel F. Jim, un servidor, Juanjo, Pachón, Benito... calle Orihuela de Valencia. 1984).

*Gasofa para los no iniciados fue la Sala Gasolinera, dedicada a los conciertos en la década de los 80 en Valencia y más en concreto, cita en la calle Orihuela, número 27 de dicha ciudad.

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