Cómplices y sus mogudes con la Dipu
En 35 años de profesión he conocido inventos institucionales y privados, vividos tanto como participante como organizador. Ahí están, con carácter localista, Las Mogudes de La Dipu o el Concurso de Pop-Rock, ambos celebrados en los 80 con el respaldo de la Diputación y la Consellería de Cultura, respectivamente. El Salero, producto de TVE, del que salieron triunfantes, en una edición, mis Surfin' Bichos (y con 5 millones de las antiguas pesetas en el bolsillo) o, ya como responsable, el glorioso Valencia Sona con soporte de cervezas San Miguel y la sala Roxy Club. Por supuesto, conozco mil intentonas más por todo el territorio español, pero prefiero basarme en lo vivido en primera persona, sabiendo que esta perspectiva será válida para cualquiera de ellos.

En un principio, y hoy en día, no veo grandes diferencias entre ninguno de ellos, todos tenían un doble objetivo común: por una parte, apoyar a los artistas emergentes y, por la otra, promocionar su marca, sea política o empresarial. Quizás, el matiz interesante se pudiera encontrar en las manos y en la actitud de los responsables de llevar a buen puerto esos proyectos. Quiero decir con esto, que a nivel de organización sí que podríamos apreciar cierta distancia entre las múltiples propuestas. Normalmente los concursos institucionales se dejaban en manos de incompetentes y/o enchufados (no creo que haya cambiado el patio) y cualquier aventura privada solía delegarse (o partía) en gente apasionada, capacitada y completamente involucrada. Jamás podrá compararse la trastienda de unas Mogudes de La Dipu con un Valencia Sona, por poner un ejemplo cercano.

En todos los frentes he visto ganar a grupos fantásticos, Species, Cultura Probase, Surfin' Bichos, Imprevisibles, Los Flacos, Rubber, Inhibidos Quizás?, Chococrispis... ¿han servido los concursos o han sido una plataforma útil para ellos? No, ni para vencedores, ni vencidos; cosa que comento sin ningún ánimo de negatividad. Simplemente, han sido una tribuna pasajera para mantener viva la llama de muchas ilusiones en un momento muy puntual. El arte no es competición.

Mi conclusión está muy clara. No fallan los concursos, ni los grupos. Lo que no funciona es el público en general, el mayoritario. El mundo del rock (abarcando todas sus tendencias y mutaciones), por mucho que nos empeñemos en lo contrario, es una corriente cultural minoritaria en España por la que la gran masa no muestra demasiado interés, ni antes, ni ahora. Y esto queda certificado si miramos a nuestro alrededor: ¿de dónde han salido los Bisbales, Bustamantes, Chenoas, Rosas y Maripilis que azotan la escena musical de este país?, ¿y Julio Iglesias?

* El periodista Carlos Pérez de Ziriza me pidió unas impresiones sobre el tema de los concursos para un artículo suyo en CulturPlaza. En él salían, lógicamente, solo unas pinceladas y aquí rescato el texto íntegro.

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